viernes, 3 de junio de 2016

Una historia para contar “MAMÁ ESE PAYASO ME ESTÁ MIRANDO”.

Una historia para contar

Hace mucho que no escribo para mi blog, así que he tomado la decisión de establecer algunos días para publicar contenidos, entre ellos está contar pequeñas historias de terror y suspenso que me pasaron y también aquellas que mi abuelo me contaba de pequeño y que hoy por hoy aún recuerdo, me asustan y causan escozor solo con escribirlas. ¡Aquí vamos!

La historia corta que les quiero contar y que me pasó cuando era niño, la he llamado “MAMÁ ESE PAYASO ME ESTÁ MIRANDO”.

Todo ocurrió una tarde que caminábamos por un parque mis abuelos, mi papá, mi mamá, mi prima María y yo. Era común que pasáramos comiendo helado o riéndonos de mi papá porque no entendíamos sus chistes; mi prima se había ido corriendo hasta una juguetería en donde había unas marionetas colgadas detrás de un cristal, yo por obvias razones la seguí y nos separamos  de los adultos. Cuando entramos a la Juguetería  no había nada más que sólo juguetes, no se veía el dueño, ni quien atendiera. Uno a uno fuimos visitando todos los stand donde habían carros a control remoto, muñecas de la Barbie, osos de peluche gigante y otros más que variaban en tamaño; hasta que llegamos a un lugar al fondo de la juguetería donde se podía ver el polvo, la suciedad y el descuido de los dueños. La verdad creo que no nos importó que la sección donde estaban estos juguetes estuvieran así, al fin y al cabo eran juguetes. Cuando ahí, colgado de sus brazos y piernas en “X” estaba un PAYASO marioneta que tenía una enorme sonrisa blanca con bordo rojo y su trajecito en chaleco y pantalón de rayas rojas y blancas con unas zapatillas enormes  rojas con negro. Yo me quedé impactado al ver el payaso en esa posición, y cuando intenté hablar con mi prima, ella ya no estaba, no la veía por ningún lado. Recuerdo que  regresé rápidamente la mirada al payaso porque su mirada me había impactado mucho, pero esta vez no vi su rostro como antes, su cabeza estaba inclinada. Ahí comprendí que era mejor salir del lugar lo más rápido posible, pero ya
no encontraba la salida y aun seguía asustado porque no encontraba a mi prima. Termine metiéndome en un lugar más estrecho de la juguetería en donde había juguetes deteriorados y algunos de ellos sin cabezas, ruedas o cuerdas.  Mi temor se incrementó más cuando escuché gritar a mi prima, salí del lugar corriendo como pude tratando de encontrarla, cuando justo ahí, sentada en el suelo con los ojos tapados con sus manos la encontré. Yo me arrodillé y le dije que nos fuéramos y ella no quería levantarse; ella repetía una y otra vez, “-Nos está mirando-”    (Esas palabras me erizan la piel de sólo pensarlo), pues evidentemente cuando me di la vuelta vi al payaso con su enorme sonrisa que nos estaba mirando. Yo estaba totalmente paralizado, sentía que no podía mover mi cuerpo, hasta que comenzamos a escuchar una carcajada que provenía de él y esta se iba haciendo un poco más fuerte. María y yo gritamos tan fuerte que un hombre que administraba la juguetería nos sacó del
lugar  y nos llevó hasta la entrada donde estaban nuestros familiares, ambos salimos a abrazar a mi abuela y le contamos lo sucedido, todos se pusieron a reír y le pidieron al señor de la tienda que trajera el payaso. Efectivamente el hombre fue por él, lo puso en la repisa y comenzó a moverlo con las cuerdas. Recuerdo que mientras él lo movía, los ojos del payaso se movían hacia nosotros dos, yo aferrándome fuerte a mi mamá le dije “-Mamá ese payaso me está mirando-" volvieron a reír y salimos de la juguetería. Nos fuimos para la casa porque María del susto se sentía muy mal y hubo que llevarla cargada.

Y si lo notaste, sí, le tengo miedo a los payasos. 


Si te gustó, por favor comparte, recomiéndalo o dime  qué clase de historias te gustaría leer.   

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